jueves 12 de noviembre de 2009

la foto

miércoles 11 de noviembre de 2009

Una tarde con el Decano...

Corría el año del Señor de mil novecientos noventa y seis; el Sagrado Protector de Granada hacía pocos minutos que había terminado su estación penitencial, y los costaleros nos disponíamos a salir por la puerta del locutorio del convento sorteando el bosque de capirotes de los hermanos nazarenos. Ya en la calle, mis pasos se cruzaron con los de Nacho Vílchez, capataz ese año del paso del Señor de la Amargura, que quería ofrecernos un puesto bajo sus trabajaderas. Ni que decir tiene que la idea me entusiasmó, y se la comuniqué a mi hermano, que aceptó casi de inmediato, así que le dijimos que sí, y nos fuímos a descansar.

Al día siguiente, el sol rayaba en lo alto del cielo, y vestidos de negro riguroso, acudimos puntuales a la cita, igualando yo en el costero izquierdo de tercera, y mi hermano, fijando al zanco derecho de atrás, que llevaba, por cierto, otro buen amigo nuestro, Antonio Pontes. La tarde fue especial, no sólo por estar vestido de costalero el Martes Santo, cosa que volví a hacer el año siguiente bajo la Señora de la Esperanza, sino porque ir debajo de ese paso es formar parte de la historia cofrade de Granada, por la impresionante talla, por el barroco paso inalterado tras el paso del tiempo, por la longevidad de su acta de fundación, y por el espectacular recorrido por el que transcurre su estación penitencial. De ella, recuerdo la recogía, rozando la madrugá, por la calle san Juan de los Reyes, fría como el cristal, y acompañado el paso por la gente justa, la que lo espera año tras año, y se asoma a sus ventanas para despedirse de Él antes de rendirse al sueño. Una maravilla de hermandad, completada por la belleza dieciochesca de la Virgen de las Lágrimas, hoy en la capilla, y que llena el Martes Santo con su sobriedad, cuando baja desde su barrio hasta el corazón de Granada.

Siempre recordaré con infinito cariño la tarde que me dejaron pasar junto al Decano de nuestra Semana Santa, aquella tarde de 1996, y espero encontrar algún día alguien que me dé una copia de la foto que se hizo esa cuadrilla, para ver la cara que tenía, y cómo llevaba la ropa...

martes 10 de noviembre de 2009

y ese color especial...

El Salvador...
Alcázares...


Clemencia...


Barqueta...
y, por supuesto...

lunes 9 de noviembre de 2009

cada rincón de mi casa...

Hace unos días leía esta entrada en el blog de mi amigo "el monaguillo" , y en el comentario que le hice a dicha entrada, le decía que alguna vez escribiría sobre algo similar. Pues hoy ha llegado el momento de hacerlo...


...En Baeza, en la calle san Andrés, vivió durante muchos años la familia de mi abuelo materno; en esa casa, una litografía del Señor de la Humildad permaneció suspendida en una de sus paredes desde que fuera realizada en 1916 hasta que la muerte de mi tía abuela, última moradora de la residencia familiar, hizo que los muebles y recuerdos se repartieran en herencia. La litografía en cuestión, que plasma magnifícamente la solemnidad de Jesús Reo, atadas las manos por una soga y sosteniendo un cetro entre sus manos, pasó entonces a casa de mi abuela, la cual la cedió a su nieta predilecta, mi hermana mayor, para que algún día estuviera en su casa, si es que la tenía.


Pasados muchos años desde entonces, mi hermana contrae matrimonio y se instala en su nueva casa, pero el Señor de la Humildad, testigo mudo de tantísimas situaciones de nuestra familia no salía, por falta de sitio, del lugar en el que permanecía celosamente protegido para que no sufriera las inclemencias de los inviernos y veranos granadinos. A mí, personalmente, siempre me cautivó la imagen de ese Cristo, y de hecho lo tengo presente en mis oraciones con repetitiva insistencia, y quiso Dios que mi hermana, en un gesto de sublime generosidad, decida sacrificar su deseo de ver al Señor en su casa, porque según ella, "yo iba a disfrutar más de Él", y acuda con mi padre para enmarcarlo y regalármelo pocos días antes de mi boda. Ni que decir tiene que me quedé sis palabras, en primer lugar por el enorme detalle de mi hermana, y en segundo lugar, por lo que para mí significa todo lo que rodea esa imagen. Ayer, pude al fin colgarlo en mi casa, y llenar así su desnuda pared, con un pedazo importantísimo de historia imaginera andaluza, con un pedazo importantísimo de historia de mi familia y, sobre todo, con del infinito cariño de mi hermana representado también en el rostro sufriente del Señor de Baeza.
Desde ayer, la Humildad bendice cada rincón de mi casa...


Gracias "Machu", por permitir que esto sea posible...

miércoles 4 de noviembre de 2009

De tiempos pasados...

En el año 1999, la hermandad del Santísimo Cristo del Buen Fin y Nuestra Señora de la Palma, decidía en cabildo, dejar de procesionar el misterio que hasta entonces figuraba en el paso de su primer titular. Decisión que sorprendió a muchos, y que todavía hoy no se explican numerosos cofrades de la ciudad hispalense. Con la nueva postura, se suprimía la visión que hasta entonces se había tenido del imponente crucificado, rodeado de figuras secundarias, en el momento previo de desenclavarlo del árbol de la cruz, perdiéndose una imagen característica del Miércoles Santo en Sevilla.

Con ese cambio, se ganó, que duda cabe, en la contemplación de la talla, pero no se aclaró si el paso perdió su impronta, sobre todo en cuanto a las diferencias notables de proporción, por ejemplo, en el tamaño de los guardabrisas con respecto a la actual altura del Cristo sobre el canasto. Sea como fuere, la impresionante imagen del Señor, sigue dejando sin palabras cuando se pone en la calle, tras la complicada salida de san Antonio de Padua.

martes 3 de noviembre de 2009

Señora de Sevilla...

Volvió a suceder, el pulso se me fue acelerando conforme iba subiendo los escalones que dan acceso a su camarín, y cuando me hallé junto a Ella, mis ojos se iban de un espejo a otro, de un perfil al otro, pero mis labios no acertaban a hilbanar ni una sola oración, ni un piropo que dedicarle, pues la emoción no me dejaba buscar las palabras para decirle lo que Ella me inspiraba.
Mi mujer me acompañó esta vez, y no sé si fue sólo el hecho de presentársela, el hecho de que ella la visitara por vez primera para verla tan cerquita, el que me hizo callar, yo que siempre he sabido dirigirme a Ella, con las frases que me dictaba el espíritu. Y es que no sé lo que ocurrió, tan sólo que me quedé mudo, mirándola como otras veces, entreteniendo el pensamiento con los detalles de su cara, dividida en dos perfectísimas mitades, y que nos llegan a sus devotos por las curiosidades de la reflexión, para llenarnos de Esperanza...y fue entonces que recordé otras frases escritas por un poeta de mi tierra, que las dedicara a la persona que él amaba, y que apliqué al momento para salvar el silencioso obstáculo que el nerviosismo me había impuesto, y salir así airoso del lance en el que me hallaba; unas palabras que son perfectas para definir lo que se siente cuando tus pies hollan el solar macareno, y es que, queridos amigos...

"...no puede cansarse de esperar
aquél que no se cansa de mirarte".
(Luis García Montero. Habitaciones separadas)

jueves 29 de octubre de 2009

las cosas de la vida...

Acabo de salir del trabajo, y me han contado una de esas noticias que te parten el alma, de esas que te hacen comprender las dudas de fe, y de esas que no te explicas por más que intentes razonar con términos adecuados. Me gustaría poder reaccionar ante esa noticia, pero no puedo, aún mi mente urde planes de actuación que me parecen absurdos hasta el ridículo, y que no me dejan ni vislumbrar siquiera la luz al final del túnel...y sólo me acuerdo de ella, que hace cuatro años perdía a su madre, y ahora se enfrenta a un nuevo revés de la vida, otro batacazo que la hace mirar al Cielo preguntándose por qué Él permite estas injusticias, por qué Ella, que es Madre también, deja que las cosas sucedan sin más, atroces y vehementes, impetuosas y desalmadas.
Me gustaría estar a la altura, animarla con mi abrazo, decirle que estamos con ella, y con su padre, y sus hermanos, ahora que la vida los vuelve a pasar a un nuevo examen de la tragedia. Quisiera que no fueran licenciados en el dolor, sino en la Esperanza, que su familia no tuviera tanta experiencia en cales y arenas, en alegrías y en llantos, y que pudieran disfrutar de los suyos sin ataduras ni rumbos condicionados. Me gustaría, pero no puedo, porque mis palabras ya no animan, porque no me salen las frases que le devuelvan la sonrisa que tenía en su cara hace cinco años, y que desapareció para siempre dejando un rastro de ojos sin vida, sólo roto por su boda con el hombre al que ama, y el nacimiento de esa niña que tanto quiere a su tío. Me gustaría acercarme a ella, y que sus labios me hablaran de sonrisas, de momentos felices, sin que las lágrimas visiten sus ojos. Me gustaría, en fin, que todo esto no estuviera ocurriendo, que no me hubiera llamado llorando la que tanto quiero, y que todo fuera una pesadilla, de la que nos reiríamos mañana...


Quisiera poder hablarle de ilusiones, de metas, de futuro, pero hoy mis palabras sólo saben decirle que estamos a su lado, aunque impotentes y desarmados, para lo que ella quiera mandar...